viernes, 25 de junio de 2010

La Buhardilla del Océano (I)

Era ya bastante tarde. El sol, tan imponente y abrasador en aquellos calurosos días, parecía por fin ocultarse bajo el horizonte, perdiéndose entre las olas más lejanas del mar, dando paso a la soledad y al frío de la noche en los rocosos acantilados de la isla.

La puesta de sol trajo consigo el fin del ciclo primaveral y, con él, la llegada del verano. Un verano que, se presuponía, iba a ser uno de los más calurosos y agotadores de los últimos tiempos.

Los compases finales de la Primavera suponían, y sin saberlo, los últimos instantes de Marc como otro habitante más. Hoy, aquel curioso y peculiar hombre decía adiós al mundo tal y como lo conocía, tal y como él lo vivió, sintió, expresó y redactó. Tal y como lo plasmó en aquellos viejos diarios, algunos de ellos llenos de polvo y carcomidos por el inexorable paso del tiempo, escondidos en su buhardilla, en su escondite infantil del que, desgraciadamente, nunca supo salir.

Álvaro. La Buhardilla del Océano.

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