sábado, 2 de octubre de 2010

BCN

Ella estaba eufórica, radiante, increíble, como siempre. Los charcos volvían a aparecer en cada esquina de la Ciudad Condal y los paraguas de colores volvían a dificultar el libre paseo por la gran ciudad. Él, serio, aunque feliz, como siempre cuando estaba con ella, la acompañaba en su ágil marcha, preocupado por la posibilidad de que uno de aquellos ajetreados personajes que corrían por las calles móvil en mano le manchasen su nuevo y resplandeciente traje.
La ténue luz que alumbraba el cartel de entrada al café les deslumbró con un halo de felicidad. Ese era su lugar, era lo que necesitaban. Tiempo, café, música y, por supuesto, el uno al otro.

Ambos se habían ganado aquellos momentos, aquella felicidad, aquella vida, se lo habían ganado y se lo merecían. Porque el amor cuando no muere mata, porque amores que matan nunca mueren.

Con el sol amaneció Barcelona. Con Barcelona, su amor.




The Sunday Drivers - The end of maiden trip

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