"Do, re, mi..." Las glisadas notas del antiguo y lujoso piano de cola, carcomido por el tiempo, resonaban contra las paredes y se colaban por las más recónditas cavidades de la enorme mansión, iluminando con su delicado timbre los más oscuros rincones.
Hacía tiempo que la electricidad no llegaba al hogar de aquel experto hombre, al que los años le habían concedido un especial sentido de supervivencia y que, actualmente, era poco menos que un fantasma en la sociedad.
"Do, re, mi... ¡Mierda! otra vez el bemol". Curioso, el personaje permanecía en aquel desconocido rincón, apartado de todo y de todos, viviendo de lo que alcanzaba a robar de las coshechas de las fincas vecinas, cuyos dueños desconocían totalmente la existencia de tal ladrón, pues las pérdidas de producción se las achacaban a los malditos cuervos.
"Do, re, mi... que no, que es menor". Aquel día se encontraba absorto entre pensamientos solitarios, sucumbiendo a la cada vez más inminente dejadez, quizás eso explicaba sus constantes fallos de novato a la hora de pulsar las teclas de marfil, echas especialmente para aquella joya de la tecnología hacía décadas.
"Do, re mi..." Pum. Sonó un disparo. Se derrumbó sobre el piano, inerte, sin ser consciente de que aquel mi bemol le había costado la vida.

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