Corría un 31 de diciembre de un año perdido, las calles estaban absolutamente desiertas, iluminadas por la grisácea luz del invierno. No había prisas ni apuros, simplemente, tranquilidad. Una tranquilidad infinita que llenaba invisiblemente cada rincón, cada centrímeto del asfalto, que envolvía aquellas fechas con un halo de estabilidad, dotándolas de un divertido misterio.
sábado, 20 de noviembre de 2010
Un año más, un año menos
El calor de las navidades combatía con una difuminada sonrisa el frío invernal. Todos los habitantes de la tierra se encontraban reunidos, en sus casas, con su gente, con sus seres queridos, queriéndoles, necesitándoles, ayudándoles.
Corría un 31 de diciembre de un año perdido, las calles estaban absolutamente desiertas, iluminadas por la grisácea luz del invierno. No había prisas ni apuros, simplemente, tranquilidad. Una tranquilidad infinita que llenaba invisiblemente cada rincón, cada centrímeto del asfalto, que envolvía aquellas fechas con un halo de estabilidad, dotándolas de un divertido misterio.
Vetusta Morla - Año Nuevo
Corría un 31 de diciembre de un año perdido, las calles estaban absolutamente desiertas, iluminadas por la grisácea luz del invierno. No había prisas ni apuros, simplemente, tranquilidad. Una tranquilidad infinita que llenaba invisiblemente cada rincón, cada centrímeto del asfalto, que envolvía aquellas fechas con un halo de estabilidad, dotándolas de un divertido misterio.
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