Tan sólo los árboles podían ocultar en una reducida porción de terreno la belleza del atardecer de tonos anaranjados. Tan sólo una delicada taza de porcelana podía ocultar a la vista del ser humano el tostado color del café con leche. Tan sólo las barras blancas podían ocultar la belleza de las olas rompiendo contra la costa. Tan sólo la fresca hierba recién mojada podía ocultar una parte de sus botas negras.
Pero nada, nada, podía ocultar sus ojos.
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