domingo, 22 de mayo de 2011

Aquellos Cuerdos del Pasado

¿Por qué? Se preguntaba Sawyer mientras recorría las aterradoras aceras de los barrios bajos de Ámsterdam. Todo había salido según lo planeado, todos sus familiares estarían muertos antes del amanecer, su vida ya no corría peligro (al menos eso quería creer desesperadamente) y la pistola con la que se había quitado la vida años atrás yacía sobre tres metros de hormigón armado.
Corría abstraido en su prodigiosa mente, inmerso en cálculos matemáticos inconscientes que le proporcionaban con exactitud datos banales como el porcentaje de oxígeno que poseía el asfalto por el que circulaban sus pies.
Quizás fue esa abstracción mental lo que le hizo ignorar la encapuchada y sombría figura que surgió de las entrañas de uno de aquellos infinitos callejones holandeses.
Sin previo aviso, el condenado se precipitó sobre el nuevo individuo y ambos cayeron derrumbados sobre la sucia y abandonada calle, húmeda aún por la lluvia solitaria.
El desconocido, que parecía haber previsto la situación mucho tiempo atrás, se incorporó al instante de nuevo, ayudado por una oxidada farola que alumbraba con una tenue luz cada un cierto intervalo de tiempo.

-¿Quién eres tú -Se adelantó el siniestro personaje- para contradecir las leyes divinas, aquellas que rigen tu vida, la mía y la de todos. No eres más que un desgraciado.

Sawyer, aún conmocionado por el duro golpe, se percató de que un fino chorro de sangre le brotaba de la sien.

-¿Qué quieres de mi? -Acertó a responder el joven demacrado- No te conozco.
-Por supuesto que me conoces, Mark.

Al oir ese nombre, un sentimiento de angustia invadió cada centímetro de su piel, fruto del odio contenido durante tantos años. No podía ser que aquel personaje chiflado que había aparecido de la penumbra conociese su pasado, nadie podía, nadie, imposible, no, imposible, no, imposible, no, imposible, no.

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