Sus pisadas se asemejaban a súplicas, sonaban a dolor. Había recorrido ya tanto asfalto agrietado que le parecía comenzar a disipar pequeños geisers en medio de la carretera kilométrica. Obviamente, pues pese a todo era consciente de ello, tan solo se trataba de macabras jugarretas de su corta imaginación.
Tras varios pares de horas de aquel recorrido infernal, se derrumbó sobre el duro y solitario cemento, dejando que aquel polvoriento y maltratado pergamino volase hacia otra vida mejor, olvidándose de cualquier función u obligación impuesta por dicho mapa, abandonando aquel cuerpo inútil que ahora yacía inerte.

No hay comentarios:
Publicar un comentario