sábado, 3 de septiembre de 2011

Paranoid

Camino con mi sombrero en la mano, mi rosa manchada con sangre en mi corazón. Me tambaleo considerablemente, mientras atravieso las desiertas calles oscuras y mojadas de la ciudad. El escaso número de individuos que a estas altas horas de la noche se atreve a recorrer la misma oscuridad que yo recorro me mira con extrañez, suponen, quizás, que estoy borracho.
Sin quererlo, mis tumbos solitarios me llevan hasta una antigua plaza, preciosa y delicadamente decorada con sus adoquines inmaculados y sus ridículos farolillos lúgubres alumbrando las tinieblas.
No me importa nada, ni si quiera yo mismo. No sé quién soy, ni quién quiero ser. La luna, a la que hacía tiempo me había llevado debajo del brazo, me acompañaba en mi triste balada nocturna.
Me cruzo con otro solitario, un saxofonista acabado.

-Probablemente toque yo mejor que tú ese cacharro, payaso.
-Probablemente yo no lleve una rosa en el corazón, desgraciado.



Paranoid - The Sunday Drivers

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