lunes, 3 de octubre de 2011

Otoño, oscuro, de noche

Estoy agotado, "Jaded" como usualmente le inspiraba decir. Suena polifonía horizontal de Haydn. Mis dedos, agotados por el exceso de actividad, sujetan con firmeza esta maltratada mochila que me ha acompañado durante tantos y tantos años. Mi espalda me pide a gritos un poco de compasión. Mis pasos vuelven a retumbar en las estructuras grisáceas que componen la brillante edificación que transito. La noche se apodera de todo, tengo frío. La luna, sin oscilar ni vacilar, en fin, ahí está, burlándose de mi, recordándome que tal vez hace unos meses la miraba con firmeza y con amor, confiando en que, mirándola, demostraría que al fin y al cabo no estábamos tan lejos, ni física ni psicologicamente. Ahora, solo deseo que no me mire más con esa desoladora confusión, ese enigma paradójico.

Esta es la cárcel de cemento en la que me hayo. Se llama Álvaro García. La odio.


"No se que fue de aquel rumor que nos vio nacer."

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