La helada madrugada de diciembre tiñó de un misterioso naranja oscuro las calles empedradas. Paseaba solo, deleitándose con el delicioso ruido que provocaban sus refinados mocasines al golpear el asfalto. Las olas seguían rompiendo. Él seguía en su mundo. Todo había cambiado, pero él, él era infinito, y él se sentía infinito, y él disfrutaba de la vida.
Y al final, tú, la vida pasa, y nada, ya no quedan rosas ni champagne en tu portal.
Vikxie - Rosas y Champagne
No hay comentarios:
Publicar un comentario